La dependencia de la tecnología, smartphones, internet y demás…


La tecnología siempre nos ha acompañado a lo largo de la historia.

 

La técnica, la ciencia, el conocimiento, la filosofía… Todo esto ha formado parte de nuestra vida desde que la historia es historia, o sea desde que hay escritura y con ella, la propagación del saber. De hecho, incluso antes; el manejo prehistórico de herramientas ya es prueba de las habilidades humanas en la invención y desarrollo de útiles que nos hacen la vida más fácil.

Con un salto de unos cuantos años y sin ir más allá de la primera revolución industrial, por la primera mitad del siglo XIX, ya se evidencia la capacidad del hombre para crear y manejar máquinas complejas y el dominio de la naturaleza misma.

Hasta hoy, no hemos parado de inventar, manejar, y hasta apreciar artilugios, máquinas, herramientas y cosas que nos ofrecen una vida distinta. Casi cualquier persona puede conducir un coche, poner una lavadora, preparar la comida en una cocina moderna, usar herramientas de bricolage, una cámara de fotos, una máquina cortacésped… En fin, la tecnología de uso doméstico, incluido el automóvil, queda plenamente dentro de nuestro alcance y dominio; son herramientas de uso sencillo. Sin embargo, una aclaración: son todas ellas analógicas, es decir, necesitamos manipular, coordinar, sopesar nuestra propia fuerza a la hora de usarlas como objetos físicos que son.

La tecnología digital de hoy.

 

Sin embargo, cuando la tecnología es digital, y de eso hace ya unos años que estamos acostumbrados, algo cambia y entramos en un mundo en el que todo cabe, como es la infinitud de información y datos. Aquí no vale más que ver y mirar, sin posibilidad de usar más sentidos ni nuestro propio movimiento salvo los dedos. Sólo nuestra capacidad de discernimiento entre otras cosas, nos lleva a no naufragar entre palabras, frases, opiniones, fotos, sonrisas, vídeos, gatos, emoticonos, que a veces parecen más escollos que un timón en el mar de los datos y el saber.

Niños y adolescentes; los más vulnerables.

 

Ni que decir tiene que los más jóvenes son también los más proclives a que su mente se impregne de toda esa realidad, que se vuelva dependiente de la pantalla táctil, de led, de tubos o de lo que sea. Ese universo creado para reclamar la atención, es en muchas ocasiones, vacuo y estéril. No decimos que en la realidad virtual no hallemos ciencia, artes, filosofía o historia. Sucede que el universo digital tiende a distraer mucho más de lo que instruye. Es que el niño, el adolescente que usa durante una gran parte del día el smartphone o la tablet se expone a depender de unos estímulos visuales que no siempre llevan a un provecho más allá de unos instantes. De ahí la importancia que psicólogos, educadores, padres y maestros presten atención al riesgo que puede ser la socialización a través de internet, por la dependencia que genera, además del acceso a contenidos inapropiados en algunas ocasiones.

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